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EPITALAMIO
Hacer el amor
con las uñas de seda
de los labios: con
las orejitas
puntiagudas y
llenas de
luciérnagas: con
el canto que
forma el mediodía
cuando llego hasta él
con tu sonrisa.
Hacer el amor
con la cerviz, el
codo y las rodillas, con
la música del viento
de tus manos,
explorando
mis simas,
decorándolas; con
el agua aturdida
de las piernas, la espalda
y el costado; con el ronco
cantar del movimiento, avezado
tenor de las tinieblas; con
tus hombros, trapecio en
que se mece
mi infancia rescatada; con
tu pelo, tapiz y cubrecama,
camelias desveladas;
con tu boca, despensa
de un idioma que
hablamos al mordernos.
Hacer el amor
con el pálido
altar de tus dos pechos, repisas
donde albergo mi
sed de berebere; con el árbol,
los pájaros y el río que nacen
cuando yaces debajo
de mi sueño.
Hacer el amor
con las piedras
de Canta y Obrajillo, en
los valles de lúcumas
fugaces, con retamas y
viento y granadillas, con
tus dientes que mascan
la mi pena, en
corrales de pueblos
ignorados, entre el
polvo y la luz y
los hierbajos.
Hacer el amor
con las huellas
del hombre aún
no erecto, con
sus brazos de
ramas afiebradas, con
la tierra convulsa y
no estrenada, con
el hielo (galopa
por mi espalda), en
aquella caverna
en que pintamos
el retrato
del rito
que no acaba.
Winston Orrillo
De su libro inédito: 150 POEMAS DE AMOR
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